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Felipe Mejia

@FelipeMejiaMV

Consultor en el uso de las TIC para la Salud Pública. 
Ingeniero Químico, Universidad Nacional de Colombia con Maestría en Salud Internacional, Universidad de Heidelberg, Alemania.

 

La eSalud: espacios llenos y espacios vacíos

Dentro de las múltiples aplicaciones que pueden dársele a las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), en esta ocasión quisiera hablar en las TIC para la salud.

Empecemos inicialmente por definir que, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, al uso de las TIC para la salud se le llama eSalud1. De igual manera, como eSalud Pública, a las posibles aplicaciones de las TIC en la Salud Pública2 que aunque suenan ambas muy parecido, cada cual tiene un enfoque de estudio diferente con una intersección a veces difícil de determinar. La primera tiene como objeto de estudio el individuo; la segunda, la población como un todo. En adelante usaré únicamente esos dos términos.

En esta relación TIC y salud, que se torna en ocasiones simbiótica, pueden pensarse tres enlaces bien claros:

  • Las TIC para la salud, es decir el uso de estas herramientas para apoyar directamente la prestación de servicios de salud y la actividad médica netamente asistencial, un ejemplo muy claro: la telemedicina.
  • Las TIC como soporte de todas las actividades o procesos que tienen un impacto directo o indirecto en la salud de la población. En otras palabras, las TIC aplicadas a la Salud Pública. Por ejemplo, en vigilancia del número de casos de tuberculosis en una población dada o campañas que buscan incentivar la actividad física regular, los buenos hábitos alimenticios y el lavado de manos antes de comer.
  • Las TIC empleadas en las circunstancias determinantes en la salud o en determinantes sociales de la salud, como el ambiente, la educación, el empleo.
  • Las TIC y su impacto en la salud del individuo, porque apenas por nombrar unos casos pueden fomentar situaciones de riesgo como el sedentarismo, el aislamiento, el ahora llamado sexting, etc.

Ahora bien, ¿qué se ha hecho y qué falta por hacer? En particular me quiero enfocar a las dos primeras relaciones. La investigación aumenta. Cada vez hay más proyectos pilotos financiados por los Estados, organizaciones internacionales, organismos de apoyo al desarrollo, universidades y empresas privadas, que exploran la mejor manera de elevar el estatus de salud de una población específica mediante el uso central de las TIC.

Aplicaciones para móviles, servicios de telemedicina y telesalud, educación virtual, campañas a través de mensajes de texto, comunidades virtuales colaborativas en salud y un muy largo etcétera. Y es que el punto, al principio y al final de la discusión, es la salud de la población. Es ese el centro de la atención y a donde deben apuntar todas las luces.

El objetivo y el reto en esta materia es elevar, proveer acceso, brindar las herramientas y recursos necesarios a la población para que puedan empoderarse, prevenir, acceder a todos aquellos servicios y herramientas que tienen una correspondencia directa en su salud: la educación, la información de calidad, la atención médica, los tratamientos médicos, la alimentación, el ejercicio, el ocio, la cultura, un aire respirable, una sociedad, un núcleo familiar sano. No se trata de crear tecnologías primero para ver después en qué usarlas y a qué adaptarlas esperando tener resultados positivos. Al contrario: se trata de saber cuáles son los requerimientos, cuáles las necesidades, cuáles los retos y perspectivas de la gente para luego evaluar cómo cumplir con todo ello usando, eventualmente y solo cuando haga falta, las TIC. No debe olvidarse que ellas no son la respuesta a todas las preguntas y es necesario no perder el enfoque en una conclusión que ya es vieja, pero que aún no termina de integrarse en el inconsciente colectivo: las TIC no son un objetivo en sí mismo.

Pero bien, con tanta investigación, tanta aparente evidencia científica, 'redes sociales' como Facebook que surgen y cambian los paradigmas de comunicación y de fuentes de información; con una tasa de penetración de celulares que en muchos casos supera en número a la cifras de las personas que los poseen; con comunidades virtuales a lo "patients like me", con hangouts y tweetchats discutiendo una vez y otra vez; acercando y poniendo en una mesa intangible la experiencia y las preguntas de muchos en distintas partes; con la virtualización como aparente meta: ¿qué falta por hacer en el área de las TIC, la salud y la salud pública?

Falta, antes que fijarnos solo en las implicaciones 'e' (y que habrá de diluirse con los años, el uso y la simbiosis, con la simbolización completa de la 'e' por la sociedad para pasar de eSalud a solo salud), primero se debe tener claro qué es eso a lo que se le llama salud. ¿De qué se trata y qué abarca?

Hay una definición aún en uso de la Organización Mundial de la Salud que debe traerse a colación y a análisis cada vez que se busca crear una política de salud, un Plan Nacional de Salud Pública. Cuando se la intenta ubicar dentro de un sistema de salud fundamentalmente curativo como el nuestro y sobre todo cuando hemos normatizado esta área a través de la percepción problematizadora: 'el problema es que...'.

¿Qué entiende usted, mi estimado lector por salud?, ¿qué se le viene a la cabeza cuando piensa en salud?, ¿un hospital, un médico en bata blanca y una "culebrita negra" en el cuello que sirve para escuchar el corazón?, ¿será que somos nosotros como conglomerado los que no podemos no pensar en la salud como una actividad asistencial para un mal dado, para una situación a arreglar, para un potencialmente curable? Será que saludable, como lo señala Alejandro Jadad, director de investigaciones de la Universidad de Toronto y creador de eHealth Innovation, no es solo aquel que posee 'un estado de completo bienestar físico, mental y social,'3 sino aquel que, a través de unos medios, como unas gafas o una silla de ruedas, puede adaptarse a los retos y a las circunstancias de su entorno.

Segundo, falta que surjan y alcen la cabeza los verdaderos dueños de una política de eSalud: los ministerios de salud o los que hagan sus veces. Si el propósito es mejorar el estatus de salud de la población, si las TIC son solo una herramienta y no un objetivo en sí mismo, si ya hay un Ministerio TIC que las tiene como objetivo y no solo como herramienta, quién debe ser el líder y coordinar la manera en que estas tecnologías se deben integrar y se usar, ya sea a través de la Historia Clínica Electrónica, de la telemedicina, de la vigilancia epidemiológica por celulares, de las campañas de prevención y promoción en salud pública en redes sociales, de la prevención y manejo de desastres vía Twitter, entre tantos otros, mejor dicho, la manera en que debe ser regulado su implementación de una manera transversal al quehacer de las instituciones de salud y con impacto en la salud y al día a día de las personas como usted que lee y como yo que escribo, es definitivamente el Ministerio de Salud.

Tercero, falta hacerle caso al movimiento de los sistemas de salud en su transición de curativos a preventivos. Falta usar justamente las tecnologías para disminuir la mirada de reojo y medio cerrada, la de soslayo de los profesionales con respecto a la eSalud. Falta precisamente crear una estrategia como país que, a través de las TIC impulse al ciudadano a usar la bicicleta y no el carro, a que prefiera el jugo de mora y no la gaseosa de mora, a que lo lleve a empoderarse de su situación y contexto y por ende, de su salud como individuo y como sociedad. Falta usar las TIC no solo para capacitar a los profesionales de la salud, sino a los trabajadores de la salud, que son todos. Los papás, los maestros en las escuelas, los amigos. Para resumirlo, falta comprender en lo palpable y medible que los determinantes sociales de esta (y de la eSalud, digamos) no son un capricho académico, sino un hecho claro de una idea bastante simple y no por ello inocua: que las partes y el contexto influencian al todo y sus partes.

Cuarto, falta darle claridad a lo que se quiere decir con Tecnologías de la Información y Comunicación cuando le pisan los talones a las tecnologías médicas, entre ellas, los dispositivos médicos.

¿Cómo hacemos con un app y un dispositivo externo para un celular que hace lo mismo que un estetoscopio?, ¿es eso un dispositivo médico, regulado en Colombia por el Decreto 4725 de 2005, o es más bien una TIC disfrazada de equipo biomédico?, ¿cómo vamos a marcar esa diferencia?, ¿quién lo va a hacer? Esto eleva una pregunta de mucho más alcance y es, ante tanta maravilla y en este estado de excitación por las TIC, que no es nuevo en el mundo (para confirmarlo remitirse a las primeras etapas de la revolución industrial, la de Inglaterra): ¿quién se encarga de vigilar que lo resultados de una aplicación para celular, que la información que se encuentren en comunidades de diagnóstico colectivo, que el servicio remoto de atención médica, la seguridad y privacidad de la información clínica y de interés en salud, sea la que debería ser o como debería ser?

En el caso de los dispositivos médicos y, en general de las tecnologías médicas o tecnologías de la salud, lo que también incluye a los medicamentos, reactivos de diagnóstico, productos de desinfección, etc., eso lo realiza el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, INVIMA a través de sus programas de Farmacovigilancia y Tecnovigilancia y, en términos generales, todas las vigilancias postmercado y sus normas respectivas. No obstante, para las TIC y la salud, quizás solo en cuanto a la telemedicina, debajo de la cual ha pasado bastante agua ya, y los avances en la HCE, si no hay un ente regulador y coordinador de la política pública de eSalud, menos uno que se encargue de la actividad de vigilancia y control: amanecerá y veremos.

Y faltan otras cuantas que la extensión de este artículo no me permiten señalar. Pero no es necesario ser exhaustivo. Lo importante es hacer notar que estamos construyendo la eSalud sobre la marcha, el modo de cómo hacerlo, quién hace qué y para qué. De manera tal que, a pesar de lo que falta y que más temprano que tarde, encontrará sino solución, al menos sí discusión y acción social.

El panorama que nos ofrece la eSalud (incluyendo acá la eSalud Pública y los determinantes sociales) es muy alentador. Hay un campo enorme de innovación y de grandiosidad alrededor del uso de esto que llamamos TIC y Salud, que otros llaman solo TI y Salud, y que no tienen como último propósito más cables, más pantallas, más aparatos por ahí. No. Apuntan a ser partícipes de la creación de una sociedad más sana o saludable, o llámelo como le resulte más cómodo, una sociedad apropiada de su situación, de sus derechos como también de sus deberes, a una sociedad en la que la equidad en salud esté en la primera línea: el reconocimiento explícito de la existencia y de las necesidades particulares del otro que conozco y del otro que desconozco.

Ojo, que quede como nota final: las TIC en la salud no son solo útiles como un recurso de información y de comunicación per se. Hay mucho más. La infodemiología, por ejemplo. Pero esto ya queda de tarea para ustedes o para mí en otro artículo.

 

 

 

 

Felipe Mejía Medina
Consultor en el uso de las TIC para la Salud Pública
Ingeniero Químico, Universidad Nacional de Colombia con Maestría en Salud Internacional, Universidad de Heidelberg, Alemania.
@FelipeMejiaMV

 

 

 


1. Definición de la Organización Mundial de la Salud http://www.who.int/topics/ehealth/en/
2. Definición proyecto eSalud Pública y Equidad en América Latina y el Caribe http://es.esacproject.net/acerca
3. Definición de la Organización Mundial de la Salud http://www.who.int/suggestions/faq/es/index.html

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